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martes, 24 de noviembre de 2020

Cuento: EL MIEDO ME HIZO FUERTE E INQUEBRANTABLE.

El miedo me hizo fuerte e inquebrantable.

Era un lunes por la mañana y la alarma sonó –Tin,ton, tin, ton- recuerdo que desperté y lo primero que mire fue un hermoso amanecer, lleno de luz y escuchaba cantar a los pájaros que volaban muy cercas de mi ventana, sabía que sería un buen día.

Me levanté de la cama y me dirigí a tomar una ducha para luego portar mi uniforme y dirigirme a la escuela. Mientras tomaba mi ducha escuchaba canciones, esas que tan buen de humor me ponen y disfrutaba de mi baño mientras pensaba en que hoy vería a mis amigos después de un largo fin de semana.

Salí de mi baño y volteé a ver mi reloj, marcaban las 7:40 a.m. e inconscientemente grité: ¡Maldita sea, llegaré tarde a la escuela!, salí rápidamente del cuarto tomando con gran apuro mi mochila, despidiéndome de mamá mientras ella decía: “Con cuidado hija, que te vaya bien , te amo”, salí de casa a paso veloz con dirección hacia a la escuela y al mismo tiempo apreciaba un poco de esa hermosa mañana que el Señor me había regalado, saludando a los perritos que me encontraba en mi camino.

Por fin llegue a mi destino, salude a mis buenos amigos y platicamos un poco en lo que esperábamos la llegada del  profesor al aula. Se terminaron las clases, me despedí de mis amigos diciéndoles: “Que tengan buen día, nos vemos mañana”, di la vuelta y comencé a caminar hacia mi casa con una gran sonrisa en mi cara pues había sido un excelente día en la escuela. Llegué a casa y mamá como siempre, me esperaba con una gran sonrisa acompañada de un fuerte abrazo y con un olor estupendo de comida que hacía que mis tripas enloquecían.

Mientras comía en compañía de mi familia, platicábamos de viejos chistes, algún chisme nuevo, el cómo nos fue en la escuela o simplemente de algún recuerdo viejo que aún nos causaba risa como el primer día, al terminar de comer me dispuse a lavar los platos que se habían ensuciado para luego tomar un pequeño descanso y comenzar a hacer mis tareas

Se llegó la noche, era hora de dormir para así poder descansar un poco más y retomar nuevas fuerzas para al siguiente día, recuerdo que me acosté agradeciendo por todo lo bueno que pase, estaba muy contenta pues mi día fue estupendo aunque en la mañana se me hizo tarde un poco y reí de todo las ocurrencias que pase en la escuela, me dispuse a tomar mi siesta y saber que el día siguiente sería igual o mejor que este.

Al día siguiente volvió a despertarme mi alarma solo que en esta ocasión no se me hizo tarde, con mucha tranquilidad nuevamente comencé a prepárarme y mire mi calendario, estábamos a punto de terminar el mes de noviembre y estaba muy feliz pues se venían fechas importantes como lo son la navidad, año nuevo y esas fiestas importantes que disfruto gozar en compañía de mis seres queridos. Total, me dirigí a la escuela y básicamente sucedió lo mismo que un día anterior, llego nuevamente la noche y ansiaba poder dormir pues había sido un día cansado y un dolor de cabeza me había acompañada toda la mañana, realmente no lo preste atención pues era un dolor común pero realmente no sabía lo que me depararía ese dolor de cabeza…

 Por fin llego el viernes y yo seguía teniendo esos dolores de cabeza cada vez más fuertes y ahora estaban acompañados de un fuerte dolor de espalada, así que decidí platicarle a mi mamá a lo que ella dijo que el día siguiente iríamos de inmediato al hospital.

Fue un domingo 29 de noviembre cuando comenzó todo esta terrible pesadilla, fue ahí donde más de 20 doctores  de todo tipo de especialidad, me checaron y ninguno podía decirme con exactitud qué es lo que yo tenía, me sentía desesperada y con mucho miedo pues nadie me aseguraba que yo no estaba en riesgo. Mi madre con su voz un poco quebrada y asustada les preguntaba: “¿Qué es lo que pasa?, ¿Por qué nadie nos dice nada?, a lo que un doctor muy amable y con un poco de afecto respondió a la inquietud de mi madre: “No pasa nada grave señora, solo necesitamos más estudios porque no podemos saber con exactitud qué es lo que le pasa a su hija”.

Pasaron las horas y yo sentía que el tiempo iba despacio, tomando su propio ritmo y con una angustia acompañada de mi madre sujetándome tan fuerte de mi mano me decía: “Calma hija, todo estará bien veras que en unas cuantas horas más iremos a cenar una comida riquísima que preparare para toda la familia”. Mi madre siempre sabia como controlar mis miedos, pues siempre ha sido mi mayor apoyo desde que papá ya no se encargaba de la casa, ejerciendo su papel como una guerrera luchando contra toda marea.

Llego ese doctor que desde un inicio se presentó muy amable y muy generoso, se acercó y nos dijo: “Tengo noticias y honestamente no son muy buenas, entre todos los doctores optamos por hacerle una biopsia a su hija”, mi mamá sorprendida por no saber qué era eso, le pregunto y el doctor nuevamente le respondió-“Una biopsia es una pequeña abertura que le haremos del lado izquierdo de su cuello ya que es ahí donde se le ha desarrollado una pequeña bolita que nos causa bastante miedo,  para así poder hacer los estudios y saber qué es lo que pasa”-, -“así que por el momento solo le daremos un pequeño medicamento en lo que ustedes pagan para poder hacer ese estudio”-. Tanto como mi madre y yo quedamos totalmente  impactadas, dimos las gracias y salimos tan apresuradas llamando y avisando de lo que había pasado,

En el camino hacia casa entre medio de la oscuridad solo pasaba por mi mente todas esas palabras que había dicho aquel doctor, una por una y cada vez me costaba más entender que quizá mi vida estaba en riesgo ya que vi ese miedo en los ojos del doctor.

A la mañana siguiente después de pasar un día muy triste una noche anterior, pensando en que si tendríamos ese dinero para poder hacer ese estudio que tanto miedo le tenía, cuando de pronto el sonido de la puerta de mi cuarto interrumpió esos pensamientos que pasaban rápidamente por mi mente de pronto voltee, era mi mamá que estaba a un lado de ella y puede ver que tenía el dinero. Salimos con dirección al hospital y con una pequeña oración al entrar para pedirle al creador que todo estuviera bien. Me hicieron el estudio y no puedo negar que me sentía muy asustada. Al tercer día llegaron los resultados ya que tuvieron que volver a pagar para que los entregaran más rápido, pero aun si tuvimos que esperar algunos días para que un doctor especializado pudiera darles lectura.

Día 5 de diciembre del 2016, fecha que siempre existirá en mi memoria…

Recuerdo que tuvieron que trasportarme a otra ciudad en ambulancia por parte del hospital para que ahora si pudiéramos saber qué es lo que pasaba y saber esos resultados que desde un inicio yo te tenía miedo de saber. Al entrar a un nuevo hospital hacia que mis miedos crecieran un poco más y mi mama nuevamente estaba ahí para controlarlos. Nos recibió la doctora que era la encargada de estar con nosotros y darle lectura a mis estudios, cuando esta se disponía a leerlos puedo recordar con exactitud cada uno de sus gestos en su cara, con expresiones de asombro y me dirigía la mirada un tanto nerviosa, rápidamente me di cuenta que efectivamente nada estaba bien.

-“Diana, ya tienes 14 años, edad que es suficiente para saber qué es lo que pasa. Tienes Cáncer y va avanzando muy rápido, necesitamos empezar con urgencia un tratamiento”-, al terminar de escuchar esto me quede totalmente en blanco, sin reacción alguna.  Mientras que mi mamá en compañía de mi papá, lloraba y le pedía a la doctora que le dijera que era una pequeña broma, que los estudios quizá estaban mal.

Pasaron los minutos y yo seguía sin procesar aquellas palabras que habían salido de la boca de la doctora que fueron muy claras y directas, esas palabras que no voy a olvidar nunca.

Después de muchos minutos después de aquella tremenda noticia, caí en cuenta de lo que estaba sucediendo. ¡TENIA CÁNCER!, y miles de preguntas comenzaron a surgir dentro de mi cabeza, ¿Cuánto tiempo me queda?, ¿Me iré a morir tan joven? Y un sin fin de preguntas.

Salimos del hospital, nadie hablaba en el camino pues era un momento tan doloroso para todos, como que es de un día a otro tu vida puede cambiar en cuestión de segundos y una nueva enfermedad que puede ser mortal estaba invadiendo todo tu cuerpo.

Pasaron los días y la mayoría de las personas me decían el típico “Échale ganas”, “todo va a estar bien”, “No te preocupes, tú puedes con esto”. Como todo iba a estar bien, tenía cáncer y toda mi adolescencia se me estaba pasando en los hospitales, tomando quimioterapias, trasportándome de un lugar a otro y haciéndome más madura a tan corta edad.

Se suponía que a esa edad tendría que estar viendo mis planes para mi quinceañera, midiéndome el vestido de mis sueños, revisando el salón de fiesta, haciendo la lista de invitados, aquel sueño que he tenido desde que era pequeña.  Tenía que gozar y disfrutar de lo que me ofrecía la vida  pero sin embargo, me tocó vivir mi adolescencia en un hospital.

12 de diciembre, yo ya me encontraba en tratamientos de quimioterapias; tratamientos que eran sumamente fuertes, me debilitaban totalmente y solo estaba ahí, con un ardor profundo y con una ganas inmensas de que pronto pasara y volver a retomar fuerzas para seguir luchando contra esta terrible y horrible enfermedad.

Todo fue tan rápido y yo seguía sin asimilar todo lo que estaba sucediendo a mí alrededor, las personas que me rodeaban me daban fuerzas para seguir continuando. Mis fuerzas las encontraba en Dios aunque también existieron días en los cuales le reprochaba y le cuestionaba acerca de lo que estaba viviendo, yo no me merecía pasar por esas situaciones.

Era tan difícil despertar por las mañanas y ver cómo es que mi cabello se debilitaba, mi cuerpo tan débil, ver mi rostro demacrado, cansado y ya no ver aquella sonrisa tan reluciente que me caracterizaba. Sabía que contaba con el apoyo de muchas personas, familiares y amigos; familiares que llegaron a decir que ellos se cortarían el cabello por mí y hacerme sentir que no estaba sola en esto, a lo que yo les respondía con seguridad –“A mí no se me va a caer el cabello, lo juro”. Ellos siempre respetaron la mayoría de mis decisiones y siempre creyeron en mí. Hubo una ocasión en la cual me terminaron de convencer y termine por cortarme el cabello al punto de quedarme a la medida de mis hombros.

Esta situación cada vez parecía ir más difícil, tuve que asistir a con psicólogos que me ayudaran a tomar o ver de la mejor manera esta situación.

Y si, efectivamente todo se puso más difícil y las quimioterapias ya no estaban cumpliendo su función como debería de ser, y nuevamente caí en el hospital tomando unas quimioterapias mucho más fuertes las cuales consistían que ser suministradas por la venas de los brazos pero eran tan fuertes que terminaron quemándose, así que tuvieron que buscar nuevas alternativas la cual fue poner un catéter en mi pecho y conectado a una de las venas directas del corazón. Maldito catéter pudo ser el causante de mi perdición, cuando en una quimioterapia hizo que casi cerrara mis ojos por completo y ya nunca poder volver a ver a mamá y a toda mi familia.

Realmente yo no merecía pasar por todo esto, yo seguía siendo tan pequeña y tan frágil, como se supone que yo debería de tener fuerzas cuando aún el mundo era tan grande para mí; fue y será la etapa más dura que me ha tocado vivir en mis 18 años edad actualmente, ver como mi familia afrontaba esta situación porque nadie se imaginaba tener que enfrentar una enfermedad así. Tantas fueron las situaciones buenas o malas por las cuales tuve que pasar para poder forjar el carácter, la valentía y el amor a la vida que hoy tengo.  Hoy puedo decir con muchísimo orgullo que he vencido el cáncer, claro existe una posibilidad de volver a caer pero hoy soy más fuerte que nunca, el miedo me forjo a hacer inquebrantable. Me hizo a sacar lo mejor de mí, gracias a esto pude ser concientizar a muchas personas, soy testigo de que se puede vencer. Esta enfermedad me unió y me hizo cumplir mis sueños como lo era tener mi XV, y no solo tuve una sino dos. Cada una en diferentes situaciones pero con un gran amor, hay que recordar que somos más fuertes que los problemas o las situaciones que se nos presentan en la vida y siempre hay que tratar de verle el lado bueno a todo sin importar lo tan difícil que pueden llegar a ser.

El hospital se transformó en mi segunda casa, pacientes  y doctores que se convirtieron en mi familia, todos estábamos en un mismo hogar viviendo la misma situación que nos unía y nos hacía sentir el mismo dolor del otro, ver como en algunos como es que sus hojas se fueron cayendo del árbol de la vida como lo hacen en otoño, otros luchando ante toda adversidad y volviendo a florecer en primavera. Todos pasábamos por las mismas estaciones pero algunos no pudieron volver a florecer y siempre estarán conmigo pues de la misma semilla germinamos.

“Yo más allá de verlo como una enfermedad,  la vi como una oportunidad de vida”. 

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