Una navidad
con Mamá.
Comenzaba un nuevo año, nuevas metas y nuevos sueños por cumplir. Todo
parecía ser que sería un año estupendo, lleno de bendiciones y experiencias
inolvidables que se vivirían en el transcurso del año. Es cierto, todo parecía
ir muy bien, la vida me sonría junto a todos mis seres queridos, dándome esa
paz y ese calor en el corazón al saber que estoy rodeada de personas magnificas
en mi vida. A inicios de este 20 20 mi vida solía muy ser normal, salir por las
calles y tomar aire refrescante para mis pulmones, saludar a las personas y
regalar un abrazo cálido a todos aquellos viejos amigos, familiares y conocidos
que después de cierto tiempo volvimos a cruzar caminos. Gozar de los pequeños placeres que me ofrece el mundo, ir
a tomar una refrescante y deliciosa cerveza o un delicioso café en compañía de
aquellos amigos que siempre han estado para curar mis heridas, sentados en
aquella banqueta la cual se acompaña de deliciosas sonrisas y chistes que
aligeran el peso del alma, disfrutando de la compañía y el amor recíproco que
se siente al lado de todos ellos, disminuyendo por completo las penas y tristezas que en ciertas
ocasiones se presentan en el camino.
Yo en ciertas ocasiones me preguntaba que si alguna vez en mi vida
tendría que pasar por acontecimientos históricos o algún otro hecho que
marcaría mi vida por completo… Era mi último semestre en preparatoria, tenía
que disfrutar por completo aquellos últimos días en aquel salón de clases que
durante 3 años se convirtió como en mi segunda casa, hasta que llegó el día que
se presenta una noticia que se volvió sumamente impactante a nivel mundial, se
decía que en alguna parte del mundo se había desarrollado un virus que se
desconocía por completo y estaba ocasionando la muerte de varias personas.
Después de aquella noticia las escuelas, centros comerciales y todo aquello que
parecía que nunca cerraría, lo estaba haciendo, pues un temor enormemente se estaba generando
en todas las personas así que tristemente el ciclo escolar se tuvo que hacer en
casa.
Más de 4 meses de aquella noticia, miles de personas han fallecido a
causa de ese invisible y espantoso virus, dejando así miles de familias incompletas, muchísimos
planes sin cumplir y fiestas tristes por aquella falta de ese ser que tuvo que
partir. Y pensar que nunca llegaría a nuestra puerta o algún ser cercano a
nosotros, creyéndonos inmunes y sintiéndonos inquebrantables ante tal hecho,
hasta que toca a nuestra puerta.
26 de octubre del 2020, fecha que transformo por completo mi vida, planes
y manera de ver las cosas, gracias a aquel virus que estaba llegando a
desordenar todo por completo.
La navidad estaba tan cercas, las casas de fuera estaban llenas de alegría,
adornadas con sus hermosas luces y con un pino lleno de bellos adornos. Que
tristeza tan profunda sentía por pensar que no lograría colocar aquel pino que
por durante tantos años alumbraba y llenaba de colores cada rincón de la casa,
aquella estufa que calentaba un delicioso ponche que envolvía con su rico olor
toda la casa y lo más importante, mi familia reunida en aquella mesa compartiendo
y dándole gracias al creador por que las dulces manos de mi madre había cocinado
un banquete delicioso para todos. Mis lágrimas rodaban sin parar después de
aquel triste pensamiento que invadía mi cabeza por completo, haciéndome sentir tan
débil.
Mi mamá logra observar mis lágrimas y pregunta ― ¿Qué es lo que pasa?, ¿Por qué lloras?―,
con un nudo en mi garganta respondo aquellas pequeñas preguntas ―Nada, solo
cosas que me ponen un poco triste―,
inmediatamente salgo de aquel pequeño cuarto que parecía ser el mismísimo
infierno.
Paso un mes por completo poco a poco las cosas
mejoraron y la alegría estaba volviendo por fin a gobernar de nuevo la casa. Mamá
se levantó por fin de aquella cama que parecía ser una tumba en vida, sus ojos volvían a tener ese color verde y
brillaban tanto que le daba una infinita paz a mi alma. Colocamos aquel pino, llenándolo
de adornos preciosos y luces que volvían a alumbrar la casa debo de confesar
que me sentía tan feliz, tan completa, pues el adorno más bello y la luz que la da
vida a nuestras vidas, estaba sonriendo y volviendo a tener esa magia que no
tiene explicación.
Sonría tanto por ver aquel pedacito de luz que
se encontraba a un lado de mí y diciendo ― Te amo, nos ha quedado hermoso el
pino― mi corazón estañaba de emoción y un sin fin de sentimientos me invadían
por completo.
Solo deseo que los regalos que reciba esta
navidad, sea la salud para todas las personas que están pasando por esta o
alguna otra situación tan horrible, que las oraciones se eleven hacia el cielo
y les brinde la sanación a cada uno de los enfermos . Que el nacimiento del
niño Dios vuelva a nacer en cada uno de esos corazones que se encuentran tristes,
en aquellas familias desunidas y que el amor los transforme.
Que los adornos más bellos sean las sonrisas que les brinden sus familias y que la luz que brille tanto sea la de cada uno de sus corazones, que no importa lo que haya encima de la mesa y los regalos debajo del pino pues hay cosas más importantes como la salud y el amor, que eso no se compara con ningún regalo material.
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